Así es, esta historia comienza en un gimnasio de artes marciales que al parecer nuestro muchacho co-regentaba y donde impartía clases.
Los que le conocieron en aquella época ya le recuerdan como un tipo muy competitivo, duro y hasta un tanto violento. Gustaba de contar sus combates, adornando el relato de innumerables "hechos heroicos" relativos a su potencial, capacidad y maestría en ese deporte; no dudaba lo más mínimo en describir pormenorizadamente como infería daño a sus contricantes, nada ni nadie se resistía a su magistral, y al parecer cruel, técnica: dientes, labios, cejas, narices, rodillas......el adversario era un objetivo a batir, y "el dolor es necesario para aprender y endurecerte en la vida" (eso me dijo un día en que me quejé del daño que me hacía al pincharme, así que supongo que se puede aplicar aquí). Presumía entonces de ser campeón en la materia con un abultado número de títulos obtenidos en combates y torneos; es más, los que vistéis el programa "Coté: feridas abertas" (que pronto colgaré en este blog para aquellos que no lo hayan visto o quieran volver a verlo) recordaréis una aparición suya en la TVG haciendo gala de ser el único español (¿de qué me suena eso de ser el único español?....) que tenía no sé qué títulos "marciales"; en fin que con eso de los títulos ya apuntaba maneras.
Cuentan que su aficción por lo oriental, masajes y terapias incluídas, viene de aquel tiempo y de un ciudadano chino que arribó en un barco, posiblemente mercante, al puerto de Ferrol y que le transmitió sus conocimientos en el arte de "colocarte los huesos en su sitio" (tipo menciñeiro). Según cuentan algunos conocidos de entonces fue en el propio gimnasio donde él hizo las "prácticas de osteopatía" con sus alumnos y clientes. El avispado chaval se dió cuenta de que en aquellas "recomposiciones músculo-esqueléticas" podía haber futuro y sin dudarlo mucho se despidió de su socio y se dispuso a abrir su primer chiringuito, perdón quise decir Clínica.
Hay quien dice sin embargo que efectivamente nuestro personaje realizó un fugaz viaje a Estados Unidos donde permaneció por un corto espacio de tiempo y que fue en ese viaje donde conoció al ciudadano chino. Sea como fuere, lo que parece más que evidente es que la primera "universidad" que pisó este chico fue la sabiduría casera heredada de sus ancestros de un buen hombre de nacionalidad oriental.
Por lo que se ve le gustaba tanto el color blanco del kimono que no tardaría en cambiarlo por otro blanco, el de la bata médica, pero eso en el siguiente artículo.

