Toca seguir recordando y describiendo el interior de esa maldita Clínica. Que tenga en cuenta quien lea esto que me estoy refiriendo a la de la calle Real en su parte derecha; tiempo habrá para hablar de la "ampliación" hacia el piso de la izquierda, así como de las Clínicas de Vivero y Vinaroz.
El otro día me quedé en la Sala de Espera y el recibidor, hoy pasaré directamente a su despacho, pues para recordar las cabinas esperaré a tener lo que se dice un "buen día".
En el recibidor, frente a la mesa, una puerta permanentemente abierta daba paso a un largo pasillo al fondo del cual se encontraba su despacho. Al entrar en él, a la izquierda, y a lo largo de otro pasillo había un enorme mueble-estantería en pladur en tonos amarillo suave y blanco, cuyos estantes estaban repletos de libros de medicina en español e inglés; antes de flanquear el arco en escayola que ponía fin a ese pasillo, a la derecha, estaba la puerta del otro baño del piso, baño al que por cierto entraban las enfermeras, su mujer Susana y él mismo a por las jeringuillas cargadas que estaban en la nevera que allí se encontraba; por lo que sé, ninguno de nosotros entró jamás allí, como mucho algunos pudimos verlo con el rabillo del ojo, pero el trasiego hacia allí de todo el "personal" de la Clínica a por más inyecciones era constante.
Nada más traspasar el arco, a la izquierda había una de esas pantallas alargadas para ver placas, a su lado el horroroso mueble en madera maciza, oscura, con cristales en sus puertas superiores y exhuberantemente labrado; profusamente adornado con figuritas, en él había más libros, pero sobre todo la "prueba palmaria" de su paso por la Clínica Mayo: botes de cerámica con su anagrama o con la conmemoración de una promoción de ex-alumnos.

Pero a mí lo que siempre me llamó poderosamente la atención era una efigie tallada en madera, representación de una cara mitad de un indio y mitad de un búho, la verdad es que me producía un cierto desasosiego el contemplarla. En el mismo mueble destacaba también un juego de katanas, naturalmente para recordar su pasado y gusto "oriental" (pena no hubiese utilizado la pequeña para hacerse el harakiri). Al lado, una silla de ruedas plegada "por si algún paciente sufría una repentina indisposición" y un paragüero con un montón de bastones, al parecer recuerdo de sus pacientes que se habían curado y que ya no los querían volver a ver delante (ja!).
Delante de la ventana su mesa, su silla y las dos sillas confidentes haciendo juego con el mueble; siempre llena de papeles, alguna foto familiar, una lámpara de mesa antigua, el teléfono y poco más. Pero en aquella pared lateral lucían un buen montón de títulos, incluso aquel que se puso gris y feo por la humedad, aquel que acabó por desaparecer porque había que "arreglarlo" y tanto lo debieron "recomponer" que nunca más apareció: la titulación en medicina y cirugía por la Universidad de Santiago de Compostela; sí, el mismo título por el que me preguntó irónico el letrado Gómez de Liaño cuando fui a declarar, pues quiso que se lo describiera con todo lujo de detalles, parándose sobre todo en si recordaba quién lo otorgaba: S.M. el Rey D. Juan Carlos I, el Ministro o quién.....me quedé tan sorprendida por la pregunta que hasta me sonreí, como si eso importara!!, yo sé lo que ví, lo sé muy bien, de aquello no se me olvida nada, nada, NADA.... nueve años allí dan para recordar hasta el más mínimo detalle.
El toque final del despacho lo daba una camilla que en un principio sólo usaba para atender las primeras consultas, pero que luego, cuando se le "amontonó el chollo", sirvió como una improvisada cabina más.
La luz en aquel despacho siempre era ténue, las contraventanas solían estar entreabiertas y las cortinas siempre cerradas; la única luz fuerte provenía del pasillo de la "biblioteca", unos brillantes halógenos iluminaban aquella parte como si con ello quisiera que pudiésemos contemplar en todo su esplendor la impresionante colección de libracos médicos.
Aquella era la madriguera donde este "zorro" enfundado en impecable bata blanca siempre ponía en escena el primer capítulo de su bien orquestada pantomima para posteriomente idear su macabro "tratamiento" para cada uno de los confiados pacientes, para nosotros.


