Como dije en el anterior artículo dedicado a los inicios del carrerón de Coté, el gimnasio de artes marciales fue el punto de arranque de sus "peculiares actividades"; allí comenzó a desarrollar todo su "encanto personal" para hacer del gimnasio de Joane un referente del kung-fu, el kárate, el kick boxing...., y sobre todo donde explotó sus habilidades en el masaje y la quiropraxia.
No tardaría demasiado en darse cuenta del filón que podía suponer esta última actividad, y allá por los años 86/87 organizó un curso sobre dichas técnicas "sanitarias" en las dependencias de la calle Sánchez Calviño (donde ahora hay una asesoría); dicho curso era impartido por él en fines de semana y se prolongó a lo largo de un año, asistiendo al mismo algunos médicos de la Residencia Sanitaria. Y es que como ya dije de las paredes de su gimnasio colgaban un buen número de títulos correspondientes a sus "exitos deportivos" y a su incipiente titulitis médica que daban cobertura a esta didáctica actividad. Ya ven, al parecer no sólo engañaba a pobres pacientes también algunos galenos picaron el anzuelo.
Precisamente el kárate propició que por aquella época conociera al hoy famoso traumátologo Dr. Rafael Arriaza, al que sí se le conoce su trayectoria deportiva, no en vano en el año 1982 se hacía con la medalla de bronce en los Campeonatos de Europa de Kárate, siendo nombrado posteriormente, en el 2001, miembro de la Federación Internacional de esta disciplina llegando a la Presidencia de su Comisión Médica; finalmente, el pasado año se le otorgó por parte del Consejo Superior de Deportes de nuestro país la medalla de plata al mérito deportivo.
Como véis no es difícil hacerse con el curriculum deportivo de este médico ¿y el de Coté?, ¿dónde está su historial deportivo?....Lo cierto es que nada se sabe de esos combates, nadie del mundo de las artes marciales recuerda haber combatido con él, nadie recuerda sus medallas.....sin embargo nadie le olvida.
Pero a Coté dejó de interesarle el mundo del deporte ¿cómo tan iluminada mente iba a limitarse al reducido mundo de un gimnasio cuando delante de él se abría un extenso abánico de posibilidades médicas?. Así que cambió el tatamí por el lujoso despacho, el gimnasio por la Clínica, el kimono por la bata blanca bordada con el Dr. López Pérez-Cabada, el alumno por el paciente, un salario suficiente para vivir por el fortunón que hizo a nuestra costa, pequeñas mentiras por grandes estafas.....ya no perseguía medallas deportivas, sino un reconocimiento social al que por su formación no tenía derecho pero que su abultado ego le exigía y un nivel de vida cimentado sobre el engaño y el dolor.


